El secreto número uno es que tirita. A veces, tirita incluso cuando duerme. Casi nadie lo nota pero, si estás cerca, puedes escuchar los latidos de sus dientes.
El secreto número dos es que de mayor quiere ser la letra h, y salir inadvertida de las bocas ajenas. Escurrirse en las conversaciones y en los libros. Aparecer en los cuadernos de caligrafía de pre-escolar y ser recorrida por el trazo del lápiz, dibujada una y otra vez hasta que su silueta se grabe en nuestras cabezas. Sus curvas las conocerán todos, sus huecos, sus recovecos; pero cada uno la escribirá a su manera, no todos empezarán en el mismo punto, y no todos tomarán la recta con la misma velocidad. Aunque al final todos acaben en el mismo lugar..."pero bueno, no todo van a ser ventajas", se dirá.
El secreto número tres es vivir cerca de una ventana de color verde, dice que si puede ser de madera, mejor. Y que quiere tocar la tuba (porque es el único instrumento que puede simular el dolor de una sirena en la niebla) y beber chocolate caliente.
El secreto número cuatro se lo está pensando, porque todavía es pequeña y tiene tiempo, ya irán llegando a su cabeza ideas que le hagan delimitar mejor el perfil de este secreto, de momento ella está atenta a todo, no se pierde nada, porque cualquier movimiento o sonido, cualquier mirada o cualquier sueño puede ser una pista importante.
domingo, 26 de noviembre de 2006
sábado, 25 de noviembre de 2006
la foto

Fue en ese preciso instante cuando me di cuenta de todo. Vi la foto sobre la mesita que tienes al lado de la cama, esa que siempre está cubierta de libros y de papeles y que es imposible adivinar de que color es la superficie, y me quede atónita, ¿Cómo era posible que durante tantas noches juntos no me hubiese fijado en aquella foto?, sólo era necesario un giro de 90º para verla. Yo había leído esos libros, también había escrito en esos papeles,¿Por qué nunca había dirigido mis ojos hacia el interior de ese marco?. Despúes de tantas mañanas perezosas en aquella habitación me parecía increíble que no lo pudiese haber adivinado antes, que al menos una vez, no hubiese pasado esa idea por mi cabeza. Una preciosa foto en blanco y negro con un marco bonito pero discreto. Una foto que me explicaba con transparencia la realidad. Y después te miré a ti, claro. Y ahí seguías durmiendo, tan apacible y tan lejos. Con el pelo enredándote la cara y con la almohada azul acunando tus sueños. Tenía que irme, el taxi me esperaba abajo y no podía retrasarme más. Me pareció injusto darme cuenta en ese momento de, lo que había estado pasando, ahora todo tenía un sentido diferente: las palabras, los besos rápidos y los lentos, los cafés, las caricias desmedidas y las que nunca llegaban, las risas bajo las sábanas, el olor de tu piel, el sabor de tus silencios... todo era diferente. Al menos, en un sentido más... íntimo. Te besé en la frente como tantas otras veces, pero ésta no te dejé una nota en la mesa de la cocina, llevé la foto hasta allí, y ahí quietecita la dejé, esperando tu mirada. Bajé corriendo las escaleras de madera, sin preocuparme de no resbalar, y llegué al taxi justo cuando ya se disponía a irse sin mi. "Al aeropuerto, por favor". Las calles esa mañana no eran las mismas de ayer, alguien las tenía que haber cambiado -al igual que los semáforos, que las tiendas y los portales, que los pasos de cebra y los edificios- alguien tenía que haber hecho esa transformación en la madrugada, porque de verdad, que nada era igual que ayer.
Cuando me abroché el cinturón, ya sentada en el avión y a punto de despegar, me imaginé que el destino había querido que yo viese la foto esa mañana de lunes y no cualquier otro día. Que había sido ese preciso instante el adecuado para darme cuenta de todo lo que había pasado y lo que iba a empezar a pasar.
jueves, 23 de noviembre de 2006
nostalgia
Hay veces que la palabra crepúsculo puede partirte en dos el corazón.
Hay veces que te hecho de menos con tanta fuerza, que el tiempo que no te tengo se transforma en una tormenta de verano.
Hay veces que te hecho de menos con tanta fuerza, que el tiempo que no te tengo se transforma en una tormenta de verano.
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